Impresión 3D: ¿Primer paso de una revolución?

La aparición de nuevos materiales y el movimiento Open Source impulsan su implementación, que puede expandir los límites del universo del diseño.

Desde la aparición de la estereolitografía, en 1983, la impresión 3D viene dando pasos cada vez más significativos. Los especialistas coinciden en que todavía falta mucho por ver, teniendo en cuenta, por caso, que un importante estudio de arquitectura como Foster + Partners está investigando la impresión de viviendas en 3D para habitar la Luna, usando el suelo de nuestro satélite natural como materia prima.

Las impresoras están evolucionado hacia versiones más rápidas y de mayor porte mientras que entre los materiales surgen nuevos insumos más resistentes y versátiles.

Hasta hoy existen dos tipos de máquinas: las de impresión por láser, también llamada SLS (Laser Selective Sintering), y las de impresión por deposición de material fundido, conocida como FDM (Fused Deposition Modelling). Bajo esta última funcionan máquinas como las de la empresa Replikat, una compañía argentina que lleva desarrollados varios modelos que permiten fabricar objetos cada vez más grandes. Santiago Scaine, uno de sus fundadores, explica las careacterísticas de su mercado: “Estas impresoras se usan mucho para prototipado. Antes de hacer una matriz, que es muy costosa, en algunas industrias prefieren imprimir en 3D”. Sin embargo, la difusión de sus beneficios y la posibilidad de aprender su funcionamiento desde la Web popularizó el uso de estas impresoras al punto de que Scaine reconoce que también hay particulares que las compran para hacer objetos personalizados. “Tenemos clientes aeromodelistas, escuelas y centros de formación que hacen sus propias herramientas. La Escuela N° 5 de Villa Martelli compró una máquina para sus alumnos y también el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires piensa integrarlas al sistema escolar”. Estamos hablando de que ya existen nuevas generaciones que serán “nativas” de la tecnología 3D.

En Europa, la utilización de la impresoras 3D está muy extendida y ya forma parte de la educación de los futuros diseñadores. Pierrick Faure, un joven emprendedor francés señala: “No considero a la impresión 3D como un proceso de prototipado sino como una simple etapa de producción intermedia”. Faure hace algunas partes de objetos en 3D usando una pasta de madera inventada por él mismo. “Disfruto de la simplicidad técnica de esta tecnología, que me permite experimentar muchas cosas”, sostiene. “Además, es inmensa la comunidad que apoya a este tipo de máquinas. Asistimos a una verdadera revolución”.

En cualquiera de sus versiones, esta tecnología está despertando el apetito por nuevos materiales, y cada aparición expande el campo de aplicaciones de las impresoras volumétricas. “A nivel mundial, se considera la aparición del grafeno como lo que fue, en su momento, el boom del silicio”, analiza Scaine sobre este material conductivo eléctrico que está incorporándose al universo 3D. “Para darse una idea, si en un cabezal de la máquina pongo plástico y en otro grafeno, puedo imprimir una linterna que, con un foquito, se enciende inmediatamente al salir de la impresora”, grafica. En rigor, no se trata de sólo grafeno puro, sino de una mezcla con otro material muy usado, el PLA, un derivado del almidón de maíz. Scaine señala la utilización del PLA como una tendencia en ascenso. Ya se utiliza con cargas de otros componentes, incluso metales, como bronce, hierro y aluminio. “Son materiales que pesan y hasta pueden pulirse como el componente original”, afirma. Los entendidos como Scaine no se asombran por la aparición de nuevos compuestos, saben que en el exterior se está probando con materiales que cambian de color con la temperatura o brillan en la oscuridad. Para los especialistas, lo que distingue a un material apto para la impresión 3D es que se pueda manejar en forma de filamento y que se pueda fundir a 260 grados, o menos.

El francés Faure representa a una gran cantidad de diseñadores preocupados en usar materiales orgánicos en las impresiones. En su caso, emplea viruta y aserrín, desechos de la producción de sus diseños convencionales. “La viruta representa una gran cantidad de materia perdida por lo que, si se la mezcla con ciertos elementos ligantes, se convierte en materia prima”, dice. Este no es el único experimento de Faure, actualmente se encuentra ensayando con papel maché e incluso con tierra, con la idea de concebir un jardín impreso en 3D.

Por su parte, las máquinas que funcionan con tecnología SLS cuentan con otro material que ya lleva varias versiones y es una marca registrada, el Windform.  Se trata de un compuesto de diferentes tipos de polímeros que brinda resistencia y flexibilidad a la pieza resultante. Es, además, a prueba de agua, gases y bajas temperaturas, lo que lo convierte en adecuado para objetos como las botas de ski, aunque también se lo usa en prótesis y piezas ortopédicas, como la manga corrugada con la que se trata el síndrome del túnel carpiano.


El diseñador francés Lèo Marius asegura que la impresión 3D es una tecnología que aumenta la libertad para diseñar y es sorprendentemente accesible. “No hace falta una gran inversión ni una red industrial”, dice con conocimiento de causa. Marius es el creador de Openreflex, una cámara de fotos analógica hecha en PLA. “Pensé esta cámara para el aprendizaje y la experimentación. Su ventaja es que puede ser libremente modificada. Se puede usar otro tipo de película (yo tengo mi versión ‘mini’ Polaroid) o montar dos objetivos al mismo tiempo”, sostiene y aclara divertido: “No puedo garantizar los resultados, pero ¡Vale la pena probar!”.

Lejos de la avanzada tecnológica del Primer Mundo, la argentina Patricia Lascano también emplea impresión 3D pero como un apoyo a su modo tradicional de diseñar. “Es perfecto para revisar formas. Hace poco, imprimí unas sillas para chequear su apilabilidad”, recuerda y agrega que también sirve para comparar distintas variantes de un mismo producto. “Porque es diferente tener el objeto en la mano que mirarlo en una pantalla”, explica.

Sin dudas, la impresión 3D hace más sencillo el prototipado, pero no hay que pensarlo solo para objetos de diseño o piezas automotrices. En Japón, por ejemplo, están trabajando en la confección de casas temporarias para ser utilizadas después de desastres naturales. Todavía se experimenta con materiales resistentes y livianos en modelos de baja escala, pero ya se desarrollan impresoras más potentes para productos más voluminosos. En este sentido, la evolución de las máquinas ha ido en la dirección de “procesos más sencillos y amigables” señala Scaine y explica que en su empresa ya tienen un modelo para hacer objetos de 60x60x90 centímetros de altura que serviría para hacer una maqueta de arquitectura.

Si cualquier ensayo es posible, si entusiasma a jóvenes y experimentados, si pareciera que nunca se van a terminar sus aplicaciones, es porque esta tecnología se basa en un concepto simple: compartir. Y esto lo hace perfecto para otra ola de renovación ideológica que está recorriendo el mundo: el movimiento Open Source. Esta tendencia está integrada por miles de diseñadores y emprendedores de diferentes industrias (con un alto protagonismo de Internet) que están convencidos de que la innovación es posible sólo a partir del intercambio de conocimiento. Por caso, el sitio Web de RepRap enseña a crear la propia impresora 3D para prototipado rápido con la condición de que, en caso de lograr una mejora en la producción, ésta sea compartida. A esta iniciativa internacional adhieren personalidades como Zac Smith, fundador de Makerbot, pionera en la fabricación de impresoras 3D y a la que Smith terminó abandonado, por la negativa de sus socios de sumarse al movimiento.

La misma inquietud solidaria se puede encontrar en los diseñadores. Marius explica las bondades de este mecanismo: “El hecho de compartir los diseños permite que vayamos más rápido. Si se quiere hacer un auto, no es necesario reinventar la rueda ni el motor, basta con concentrarse en la parte que hará que nuestro producto sea realmente innovador”. Quién dice, tal vez la iniciativa se extienda y nos encontremos compartiendo experiencias en la luna. Perder el miedo a experimentar parece central para obtener éxito con las impresoras 3D, una tecnología que abre la posibilidad del surgimiento de nuevos mercados e industrias, un cambio que, según muchos, podría provocar un vuelco en la geoeconomía internacional.

Más información: https://dothemutation.wordpress.com

Fuente: http://arq.clarin.com/diseno/Impresion-Primer-paso-revolucion_0_1340266296.html

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~ por Gama Propiedades en 24 abril 2015.

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